A lo largo de estas semanas en consulta pude comprobar distintas reacciones en pacientes y llegue a la conclusión de que tenemos que ir cargados de paciencia. Cada persona es un mundo y reacciona diferente y nosotros tampoco la conocemos lo suficiente, ni conocemos como su entorno, por lo que tenemos que intentar interesarnos por ella desde un principio y en algunos casos hasta ayudarles, a aquellos que no tienen ningún tipo de ayuda familiar y no se valen por si mismos. A veces vamos a notar rechazo por su parte, e incluso que duden de nuestra profesionalidad, estos que saben más que tu, google está muy bien para algunas cosas, pero los conocimientos y experiencia siempre van estar mejor, cosa que algunos no entienden.
Estos son algunos de los tipos de paciente, que si te dedicas a esto te podrás encontrar en tu lugar de trabajo:
Estos son algunos de los tipos de paciente, que si te dedicas a esto te podrás encontrar en tu lugar de trabajo:
Pacientes agradables: Los pacientes agradables son normalmente muy fáciles de cuidar. Por suerte, la mayoría de estos pacientes entran en esta categoría. En cambio, el principal problema de estos pacientes es que, dada su simpatía, a la hora de signósticar al paciente el profesional puede ser más tranquilizador y optimista de lo que debe ser cuando el realismo dicta lo contrario.
Pacientes valientes:Los pacientes valientes tienen la fuerza emocional suficiente para afrontar con entereza cualquier diagnostico por duro que resulte.
Pacientes que no cumplen: Estos pacientes pueden ser muy frustrantes para un profesional porque nunca parecen querer continuar con el tratamiento que se les prescribe a pesar de seguir acudiendo a la consulta para quejarse de los síntomas que le trajeron allí por primera vez. Es el caso, por ejemplo, de los fumadores que no dejan el tabaco.
Pacientes enfadados: No todos reaccionan bien ante un mal diagnóstico, algunos lo hacen con enfado, rabia e incluso ira. Recuerda que la ira puede ser el mecanismo de defensa del paciente ante alguna otra emoción, como el miedo, la ansiedad o la depresión.
Pacientes manipuladores: Estos pacientes han aprendido cómo conseguir lo que quieren si es bueno para ellos o no. Tenemos que ser capaces de reconocer cuándo estamos siendo manipulados y tener cuidado para evitar “ceder” cuando sabemos que no es en el mejor interés del paciente.
Pacientes exigentes: Este tipo de pacientes requieren mucha atención. Pueden resultar agobiantes en ciertas ocasiones, por lo que a veces tienes que fijar límites a lo que puede y no puede hacer por ellos.
Pacientes directos: Son los pacientes a los que gusta estar al mando, controlándolo todo. Te dicen lo que quieren y no dudan en mostrarse en desacuerdo con el profesional si no les gusta lo que está diciendo o haciendo (o no haciendo). Estos son los que siempre saben más que de lo que tu le vayas a decir.
Pacientes ansiosos: Estos pacientes pueden llevar mucho tiempo y a menudo requieren mucha tranquilidad. El caso más extremo es el paciente hipocondríaco que llama a urgencias ante el más mínimo dolor.

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