El comienzo de la supervivencia

Hola! soy Borja Soto, uno de los cuatro enfermeros que se dedicarán a contaros sus aventuras (por llamarlo de alguna forma) como enfermeros en el Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela.

Una vez me dijeron que hay varios momentos en la vida de un enfermero que no se olvidarán nunca: la primera vez que te pruebas el pijama, el primer paciente al que ves morir, aprobar el examen de fisiología, etc, pero sin duda, uno de los momentos más importantes es el primer contacto con el hospital. Esos nervios que te persiguen desde que te pones el pijama en el vestuario y caminas por el hospital con tus compañeros hacia tu planta con una sonrisa en la cara.

En mi caso, al llegar la planta, nos repartieron una enfermera a cada uno según las habitaciones que llevaban. Uno hacía las primeras habitaciones, otro las del medio y otro las del final. Lo primero que se realiza por la mañana es la toma  de constantes vitales que consiste en mirar la temperatura, el pulso y la tensión arterial. La enfermera me envió a tomarlas yo sólo lo que en ese momento era un caos para mí porque tras haber practicado varias veces el año pasado, estaba sólo con cada paciente y tenía miedo a olvidarme o no saber tomar bien alguna. Sin embargo a lo largo de la semana ya fuí cogiendo práctica y velocidad.

Tras la visita de los médicos llegó la hora de curas, en la que ya entrábamos en contacto con cicatrices y heridas abiertas. Mi unidad es la de cirugía general y digestiva, por lo que las curas más comunes son cicatrices abdominales. Las primeras veces me daba bastante grima mirar algunas heridas abiertas pero con el paso de los días me fuí acostumbrando a las heridas y a los pacientes. No es exactamente cariño lo que siento por ellos pero sí que disfruto viéndolos cada mañana y observando cómo me tratan mejor cada día. Lo peor es que cada semana vamos rotando para observar todo tipo de pacientes por lo tanto me ha tocado despedirme de los míos esta semana  y esperar a la siguiente para empezarla con personas y enfermedades totalmente nuevas.

En resumen, el contacto con el hospital es una experiencia totalmente nueva y enriquecedora que te aporta mucho conocimiento sobre el desarrollo de la actividad enfermera. En el complejo hospitalario se aprende a base de errores que ayudan a mejorar tus habilidades. También me ha servido para darme cuenta de una cosa, que no me veo levantándome cada mañana para hacer otro trabajo que no sea este.

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